De tu agua no he de beber.
Estás muy equivocada,
eres agua de mi sed.
No importa si en tus orillas
otros sedientos estén.
Tú misma vendrás a mí
para calmarme la sed.
Serás entonces mi río,
me entregarás tu querer.
No importa si en tus orillas
otros bebiendo ya estén.
Y yo apagaré mi sed...
o tal vez no beberé:
si acaso tu amor va sucio,
como el agua, de correr.
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