Ésta carta de amor que hoy te escribo,
me la dicta mi angustiado corazón,
y me dice que ya ha formado un nido,
en mi pecho, para amarte con pasión.
Que te diga que anhelando voy tus besos,
la tibieza y el placer que da tu piel,
y que quiere disfrutar los embelesos
de tu amante corazón, bella mujer.
Por mis venas su sangre va encendida,
brindándola toda para ti,
que no vayas con un no a causarle herida
porque entonces se desangra hasta su fin.
Hoy palpita, mas presiento su agonía,
porque desea de tu amor tan solo ser.
Que le des completamente la alegría,
o sino que se consume del desdén.
Que descanso es verdad que nunca tiene,
porque lucha a diario en mi existir,
y si tú lo desprecias se detiene,
para así junto conmigo sucumbir.
Ya no acepta mi vida sin tu vida,
sufre mucho, se siente padecer,
que tu hermoso corazón es lo que ansía,
para amarte, y que me ames tú también.
Todo esto me lo dicta en su ambición
y mi mente desolada y triste va,
porque sufre también la decepción
de éste pobre corazón que quiere amar.
No lo dejes fracasar, ¡mucho te quiere!,
en los días lo oigo siempre suspirar,
y en las noches, como nunca se detiene,
en mis sueños lo escucho sollozar.
Si se muere se acaban sus porfías
y se lleva ésta amargura de vivir,
mas no quiero terminarme todavía
sin saber lo que tú guardas para mí.
Dale pronto si quieres un consuelo
de esperanza, y así acabe su penar.
Y también para mí pues me desvelo,
el solloza… ¡y a mí
me hace llorar!.