Un hombre esperaba ansioso
un beso en una visita,
de esa boca tan bonita
que un día le jurara amor.
El tiempo pasó y pasó,
el hombre hoy se desespera
quemándose en esa hoguera
con llamas de la traición.
El beso nunca llegó,
ni tampoco la visita,
aquella boca bonita
ya tendría un nuevo amor.
Así el hombre se dio cuenta
que amarga es la vida y dura,
si se está tras de las rejas
de la maldita prisión.
Solamente un corazón
sufre y dice su lamento,
y espera si no ha muerto
por su hijo con amor.
Para darle aquél besito
que el preso nunca esperó.
En la frente, y con su mano…
su sagrada bendición.