Si tú supieras que suspiro por tenerte.
Si conocieras que eres mi necesidad.
Si entendieras que tú serías mi suerte,
y a Dios a diario le suplico por piedad:
Que me conceda ser dueño de tu vida,
o ser tu esclavo, o vasallo, me da igual.
Porque deseo que seas mí consentida,
y sea quien sea, siempre te he de cuidar.
Eres la flor más preciosa en mi camino,
eres la estrella que seguro me guiará.
Eres la luna que alumbrará mi destino,
y a Dios le pido que me deje a ti llegar.
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