Me tienes castigado con indolencia,
me tienes trastornada la razón.
Tú que eres de mi vida sus ternezas,
tú que eres mi más precioso amor.
Por qué me mortificas si me amas.
O al menos eso dices cuando estás…
ardiendo de pasión en nuestra cama,
y llena de ambición y de ansiedad.
Y hoy quieres enseñarme la indolencia
que tu hermoso corazón me pueda dar.
Le niegas el derecho a mi paciencia…
de esperarte sin tener que irte a buscar.
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