Es un ángel, y muy
negro es su pelo,
como las noches
sus cejas negras son.
Sus pestañas
oscuras son guardianes…
de unos lindos
azabaches de pasión.
Dos ojitos morenos
cual su pelo,
con sus cejas y
pestañas así van,
adornando un
rostro muy trigueño,
que apasiona
y me suele cautivar.
Y su cuerpo, para
mi dulce tormento,
que bañado por
la luna siempre está,
va llevando
como precioso broche…
un velo que
en su piel se ve brillar.
Que cubriendo cual
negro terciopelo,
a una flor colmada de ansiedad,
hace
ver en su cuerpo mil destellos…
que
fulguran con gran preciosidad.
Eres tú ese ángel
tan divino,
ángel mío… distinto
a los demás.
¡Eres único…!
no he oído que en el cielo…
¡Algún ángel
trigueño exista allá!.
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