En
mi llanto encontré
alivio
a mi padecer.
Fuiste
tú aquél eslabón
que
mi vida echó a perder.
¿Y
todo porqué?.
Si
mi amor te profesé,
eras
mi divino néctar,
esencial
para mi querer.
Mis
lágrimas se desbordan,
como
caudal ellas van,
a
un mar inmenso de penas
que
en mí pudiste lograr.
Mas
no te culpo de nada,
culpable
es tu corazón,
y
te he de ver llorando,
igual…
o peor que yo.
Porque
mis lágrimas son
la
mitiga a mi dolor,
pero
las tuyas serán…
dolor
sobre más dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario