El pavo real abriendo la cola
como abanico de tornasol.
Y meneándola cual bella ola,
se pavoneó con mucho primor.
Un gallinazo o zopilote,
viendo la gracia del ejemplar.
Detuvo el vuelo, torció el cogote,
¡nunca había visto una ave igual!.
El pavo entonces, con mucho porte,
se desplazó como buen galán.
Y tras la pava le hizo la corte,
y ahí en el monte se les vio entrar.
El gallinazo, urubú o zamuro,
siguió su vuelo tras la intención.
Viendo a su hembra trató seguro,
mas por su apuro halló un picotón.
Abrió las alas con mucho brío,
y ante la hembra se pavoneó.
Con la experiencia que había tenido,
la invito al nido y la cortejó.
Muy satisfecho de lo obtenido
por la manera en que galanteó.
Dijo el zamuro: “¡Definitivo!,
a diario aprendes algo mejor”.
El galanteo abre esperanzas,
no importa raza ni condición.
Y son bonanzas queda la andanza
cuando te aprendes bien la lección.
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