Tengo en la montaña una cabaña
con un río que atraviesa el platanal,
donde todas las mañanas ahí se baña
una india que sale del cafetal.
En la orilla deja siempre su vestido,
a un lado las quimbas y el morral.
Yo la atisbo tras las ramas
complacido
y me sueño con poderla conquistar.
Es mi anhelo hacerla mía por
la iglesia…
o en la forma que ella tenga
de pensar.
Cuánto diera porque acepte mis
ternezas
para amarla como nunca la han
de amar.
Como no tengo ninguna compañía
me la paso con el tiple nada
más.
Y quisiera que ella sea mi consentida
para así ya terminar mi
soledad.
Soy humilde campesino, es mi
entorno,
si no sé pronunciar pos ahí
verán,
como casi estoy seguro que me
entono
si a la india yo le tengo que
cantar.
Con mi tiple he compuesto unos
bambucos,
los que toco cuando a ella veo
bajar,
muy de prisa, evitando los
bejucos,
y conmigo evitándose topar.
Me preocupa si de pronto está
casada…
o de plano no me quiera leña
echar.
Un día de estos voy y bajo a
la cañada,
y la espero… para ver que va a
pasar.
A esa india yo la quiero por
las buenas
y tenerla en mi cabaña ese es
mi afán.
Esa india por sus greñas me
desdeña…
y me lleva al trotecito… ahí detrás.
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