Aquella fresca noche
con luna esplendorosa,
bajo ese cielo hermoso
en que me diste el sí.
Andabas de mi mano,
alegre, primorosa,
y estaban las estrellas
brillando para ti.
No olvido gratos años
de besos y caricias,
todas esas delicias
que logramos vivir,
tu piel color durazno,
tus labios, tu sonrisa,
tus ojos y tu cuerpo
que
aún viven en mí.
Todo quedó en pasado…
Y te encuentro de nuevo
sentada a los destellos
de luz de un cafetín.
Aquellas cosas bellas
no están en nuestro cielo,
y el pelo ya llevamos
de un triste tono gris.
La juventud se ha ido.
Y quedan los recuerdos
de esa preciosa noche
en que te pedí el sí.
Tomados
de la mano
miré tus ojos negros,
radiantes
por que ibas
a mi lado muy feliz.
Sentada en esa mesa
te veo como el lucero
que se apagó en mi vida
sin alcanzar un fin.
Me da melancolía…
¡Aún siento que te quiero!.
En esta poesía inspirado para ti.
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