Travieso fue Cupido el día que te vi,
presuroso con su
flecha me flechó.
Ignoraba, pues lo
hizo con buen fin,
que su flecha destruiría a mi corazón.
Fueron gratos momentos de alegría,
bellas formas de amarnos… especial.
Se acabó todo el amor y la armonía,
y por eso ese flechazo hoy es mortal.
Al comienzo iba el amor a la medida.
Expresivo, bien hermoso, singular.
Pero hoy mí corazón lleva una herida,
por lo frágil que fue ella, y por falaz.
¡Ah, Cupido! la verdad eres inquieto,
con el arco ese día fuiste a jugar.
disparaste, y lo hiciste sin acierto,
porque diste donde no debías de dar.
Sin embargo agradezco el bello gesto
que tuviste al flechar mi corazón.
El flechazo enviaste en buen intento,
¡solo espero que otro día elijas mejor!
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