Tomamos
el camino más errado,
el
cual nos caminamos con afán.
Y
todo comenzó con el pecado…
de
hacer de la mentira una verdad.
Felices
continuamos caminando,
y
no nos importaba el qué dirán,
el
mundo recorríamos de la mano,
reíamos,
y nada que envidiar.
Un
día el destino hizo su tanto,
llegamos
donde había que llegar.
Los
mismos no éramos de antaño.
Y
el tiempo al final llegó a cobrar.
Hoy
viejo, sin haber logrado nada,
me
miro en el espejo y no río más.
Tampoco
a ella la miro cara a cara,
estoy solo… y ella no sé dónde
está.
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