Desde este terrible averno
en que me has puesto hoy,
quiero decirte, amor mío,
que tú eres mi salvación.
Eres la gracia que Dios
puso en mi destino cruel,
para aliviar la tristeza
que va dentro de mi ser.
Te quiero decir aquí
lo que en mi vida pasó:
Una caricia llegó
a mi edad, que no esperaba,
y quieres cambiar la dicha
que tu ser a mi ser trajo,
sembrándome la desdicha...
Mostrándome un triste ocaso.
Tu ausencia será mi ruina,
mi destrucción, mi fracaso,
quizá quede cual la hoja
que al soltarse de la rama,
se va perdiendo en la fauna
sin saber a dónde irá.
El viento la va alejando
hasta donde va a quedar,
tal vez en profundo abismo,
o en la inmensidad del
mar.
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