Te convido a que vengas
a mi campo,
allí tengo una casa
hecha de adobes,
donde quiero con mi tiple
hacerle un canto
a la linda mujer
de mis amores.
Un almendro hay al lado
de la casa,
y una alondra habita
bajo el porche,
muy pendiente de un canario
que se pasa…
Por las ramas,
atisbándola en las noches.
Un rosal de bellos
ramos blancos
está al frente,
adornado de colores,
porque hermosas
mariposas a su encanto,
se deleitan con el néctar
de sus flores.
Y en las tardes,
cuando oscurece el día,
un turpial
se anuncia en la ventana,
y al gorjeo
de aves consentidas
alza el vuelo
y se ve agitar sus alas.
Junto al río
que está detrás del monte,
vive un mirlo
precioso y atrevido,
que se asoma
al canto de la sinsonte,
y le trina
para atraerla al nido.
El cocuyo se sostiene
en su desvelo
por lograr con su luz
la prioridad…
De observar con la ayuda
del claro cielo,
a la rana y al grillo
en su cantar.
A lo lejos
se ven saltar los peces
cual reflejos
de plata sobre el río,
y en los árboles
las aves adormecen,
al arrullo de cigarras
en sus nidos.
Un caballo y una vaca
en el corral,
pastan siempre tranquilos,
no hacen ruido,
pero un perro
que no cesa de ladrar,
a la luna enamora
con su aullido.
Cuando el sol
despunta en la mañana
se oye al gallo
entonando su cantar,
y su luz
bañando las montañas,
de esmeralda
el nuevo día hace llegar.
Esto es lo que anhelo
un día mostrarte
para ver si complazco
la ambición…
De tenerte en mi rancho
y contemplarte…
Cada día y cada noche
con amor.
con amor.
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