En
extremo por despecho muy dolido,
mi alma
desespera y sufre a cuotas.
Por el
duro martirio en mí infringido,
solloza…
y triste sufre mi derrota.
Qué
tristes las dolencias en la vida,
cuando
el corazón, gota por gota…
se
desangra lentamente por la herida,
que
quedó en el corazón por la derrota.
La
derrota que sufrí ese fatal día,
al ver
que a otro ofrecías en pasión loca,
las
delicias de tus labios que en la vida…
¡siempre había ambicionado de tu boca!.
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