Venía bajando, bajando
la cima seguía bajando,
bajaba y venía cantando
con su pelo negro y largo
que el aire iba ondulando,
reía y seguía cantando.
Venía bajando y cantando,
y al pueblo iba llegando.
“Flores tengo, una rosa,
una orquídea y un clavel,
son mis flores preciosas
que son para mi querer.
La rosa es mi corazón,
la orquídea es mi pasión,
el clavel, esa es mi boca,
y para él ellas son”.
Siguió bajando y llegando,
al poblado iba entrando,
y asombrada se quedó
porque él se estaba casando.
Sus labios duro mordió,
su ser todito tembló.
Su corazón que iba alegre
en dolor se convirtió.
Llorando volvió a subir,
la cima larga subió,
del poblado se marchó
y éste canto se escuchó:
“Flores tengo, una rosa,
una orquídea y un clavel,
tres flores en mi preciosas
que ya no son para él.
“La rosa es mi corazón,
la orquídea es mi pasión,
el clavel esa es mi boca
y para él ya no son”.
Y subió, subió y subió,
el poblado lejos quedó.
Cuentan que aquella joven
nunca más apareció.
Su amado encontró un día
una rosa y un clavel,
una orquídea… y marchitas
notó que estaban las tres,
sobre las aguas del rio
cuando iba con su querer.
Y en un susurro las aguas
le preguntaron: ¿Porqué?.
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