Siempre quise tener
de ti un recuerdo
bien hermoso y sobre todo especial,
con caricias que no fueran tus besos
bien hermoso y sobre todo especial,
con caricias que no fueran tus besos
ni la entrega que diste en la ansiedad.
Y aquí estoy, ¡con mucho sentimiento!,
ya que has logrado llenar mi soledad,
con la dulce sensación de aquél momento
que sentí cuando a mí te vi llegar.
Eras niña… un precioso pensamiento
que se debe admirar y no tocar.
Pero fuiste pasando… y con el tiempo,
ahora eres mi musa… y lo demás.
Y llegó la caricia en que más pienso,
que no son tus besos ni algo más:
es un ángel que me llena de embeleso,
al
oírlo al balbucear, decir pa–pá.
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