Ese romance de nuestro amor perdido
que dejó huella profunda de pasión.
De pasión viva, que no nos dejó olvido,
porque fue entrega colmada de ambición.
Eres la flor… que no deshojó el viento,
mis manos con amor te deshojaron,
fueron los besos ardientes el sustento
para poder lograr lo que anhelamos.
Hoy estoy viejo, y guardo los recuerdos
de esos momentos felices de los dos.
Y añoro, mujer, ese sublime encuentro,
cuando me diste la prueba de tu amor.
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