Eres preciosa, mujer, eres la rosa,
la más hermosa habida en mí existir.
La fragancia de tu piel es deliciosa,
y el aroma de tu ser es de un jardín.
Te tendré en el predio de mis deseos,
serás la flor, la que me hará feliz.
Serás, mujer, el jardín de mis paseos,
porque tus flores siempre he de asistir.
Te cuidaré día y noche, seré tu reo,
por que seré, aunque sea tu guardián,
el prisionero de todos los deseos…
que tú requieras para tu felicidad.
Señor, sabes que la amo tanto, tanto,
que si me pide mi vida… la tendrá.
Mi sangre pongo, Señor, llegado el caso,
para que nunca le aqueje ningún mal.
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