Si me has de amar, por qué te
mortificas,
no pienses más, y ven pronto
a mis brazos.
Tú serás siempre en mi vida
mi delicia,
y yo el fiel siervo que te
ofrezco mi regazo.
Ya verás que observaremos los
ocasos
en las tardes… bajo estrellas
de colores.
Con los trinos de las aves… y
el encanto
del aroma suave y dulce de
las flores.
Serás mí consentida toda la
vida,
seré tu genio y tus deseos cumpliré.
Seré tu esclavo, o seré
también suicida,
si así lo exiges algún día
para tu bien.
Ven a mis brazos, olvidemos
los fracasos
causados en nuestras vidas
por otras vidas.
Ya te lo dije, siempre en mí
hallarás regazo.
¡Porque tú eres… y serás mi consentida!.
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