Ayuda a mi corazón, oye el
lamento.
Escucha el ruego, y por piedad…
él te pide que le cures las
heridas
que sufrió por no haber sabido
amar.
Se desangra gota a gota, oye su
queja.
Eres tú la que lo puede hoy ayudar,
dale amor, no le muestres el
desprecio
por despecho a lo que hizo
tiempo atrás.
Ahora pide tu perdón, ¡está
deshecho!
¡pobre iluso que pensaba en él
nomás!.
Que creyó que otros amores eran
ciertos,
y ¡mentiras, eras tú la
realidad!.
He llorado amargamente su desgracia,
sus congojas doblegando a mi
alma están,
me ha dicho que humillado a ti ha
venido,
porque solo tú lo amaste de
verdad.
No le niegues el perdón ni tu
ternura,
¡te lo pido!, necesita tu
piedad.
Éste pobre corazón es como un
niño,
y hoy precisa de tu amor una
vez más.
No lo culpes, ha venido
arrepentido,
ya te dije… fue un iluso al mal
actuar,
solo pido que lo ames y lo
cuides,
si no quieres, de seguro morirá.
Que no sepa que lo echaste de
tu vida,
¡otra herida sobre mil no
aguantará!
Si lo amas… y lo aprecias
todavía,
con tu amor, sus heridas
sanarás.
Y te puedo prometer, ¡y te lo
juro!
que seguro nunca te
arrepentirás.
Una vez lo tuviste a tu lado,
si lo aceptas otra vez. Un bien
harás.
Te amará con pasión, pues lleva
fuego,
encendido por tu amor de tiempo
atrás,
es por eso que si lo amas
nuevamente,
en las llamas de su amor te
envolverá.
Y arderán con pasión en fuego
intenso,
con deseo y con amor se
entregarán,
y en la hoguera se verán dos
corazones…
que se amaron y otra vez
vuelven a amar.
¡Ya contesta, mi amor! ¡oye su
ruego!
y la súplica que te hago, ¡ten
piedad!
ya no puedo soportar dentro del
pecho…
a este pobre corazón que herido
está.
Día y noche va sangrando en
desespero,
¡Contesta, vida mía, escucha el
ruego!
¡ahí lo dejo en tus manos! ¡tú sabrás!.
¡ahí lo dejo en tus manos! ¡tú sabrás!.
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