No digas nada,
de ese pasado incierto, con dolor,
deja que sea yo el que hable,
el que con llanto pida tu perdón.
Deja estrecharte entre mis brazos,
que sientas de mi pecho el calor
de ese fuego ardiente que lacera
a mi triste y angustiado corazón.
Que mis ojos derramen todo el llanto
de esas lágrimas cargadas de dolor,
que guardadas han venido de un pasado
que a tu vida le dejó amargo sabor.
¡Calla, amor mío!
nuevamente tu sonrisa quiero ver,
y al noble corazón que va en tu pecho…
¡Quiero oírlo
palpitando de placer!.
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