En
el otoño gris de la existencia mía
en que la primavera pasó sin ilusión,
se ensombreció mi vida, una mañana fría,
en la que te marchaste sin darme ni un adiós.
Y pasó el tiempo… las plantas dieron flores,
los árboles sus ramas de hojas las cubrió,
los pájaros
sus nidos fabricaron de amores;
y no llegó
el verano, mi invierno aún siguió.
Ahora ya cansado de tantos invernales
un nido tibio añoro que fue muy de los dos,
que ya va destruido y lleno de pesares,
desde la fecha aquella que fuiste a otro amor.
Hoy vivo de tristezas, y de desilusiones,
esperando que llegue el verano a mí otra vez,
para formar un nido, de dichas e ilusiones…
donde no entre invierno… ni piense en ti, mujer.
donde no entre invierno… ni piense en ti, mujer.
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