Todavía conservo aquellas cartas
que me enviaste en esa primavera.
Y conservan como si fuera ayer,
tu perfume fragante de gardenias.
Y con mano temblorosa tomé una
con gran ansia comencé a leer,
y no pude creer que no volvieras.
Porque en ella decías que ya venías,
que imposible vivir sin mi presencia,
y que antes de empezar ese verano
deseabas que en mis brazos te tuviera.
¡Mas ingrata!, ya se acabó el verano,
y asomó otra vez la primavera.
Al final volteé a mirar la fecha…
y hace años que estas
cartas escribieras.
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